800 Años del Tránsito de San Francisco
- Macu Fernández

- hace 6 días
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Mi acción de gracias por la vida de San Francisco y como el Camino Sencillo de Unión con Dios, es el medio que El Espíritu y mi Madre María, me regalan para poder profundizar y encarnar los acentos de la vida de San Francisco, que desde mi juventud me atrajeron.
Reflexión Cenáculo 16 de Abril de 2026
Sopla mi Señor, sopla Rabbuni (mi Salvador y Señor, mi amor, mi TODO), sopla como lo hiciste en el Cenáculo sobre los apóstoles, y regalanos el Don de Tu Espiritu, Ven Señor Jesús, Ven.
La idea de esta pequeña reflexión sobre San Francisco, la pone el Señor en el corazón de Lourdes y Maria H, al enterarse del Año Jubilar que se nos regala, como fruto de los 800 años del “Tránsito” de San Francisco. Francisco no es solo un santo para admirar; es un hombre atravesado por el fuego del Evangelio, capaz de reavivar en cada uno el deseo de una vida nueva en el Espíritu.
Recojo las palabras que el Papa León pronunció para inaugurar este año de gracia: “nuestra hermana muerte”, citando San Francisco el 3 de Octubre de 1226, al acercarse a ella como un hombre finalmente en Paz. Han pasado ocho siglos desde el Tránsito del Pobrecillo de Asís. Al inicio de su vida evangélica, había sentido una llamada: “El Señor me reveló que debíamos decir este saludo: El Señor te conceda la paz”. Con estas palabras transmite a sus hermanos y a cada creyente la maravilla interior que el Evangelio había traído a su existencia: La paz es la suma de todos los bienes de Dios, un don que desciende de lo alto.
Es el mismo saludo que el Señor Resucitado dirigió a sus discípulos, asustados en el Cenáculo, la tarde de Pascua: “La paz esté con vosotros” (Juan 20,19). Sigo citando al Papa León: “Queridos hermanos, el ejemplo y el legado espiritual de este santo, fuerte en la Fe, firme en la Esperanza y ardiente en la Caridad, nos inspire en todos”.
Quisiera desde mi pequeñez, compartir con vosotros, mi meditación de acción de gracias sobre la vida de San Francisco y como el Camino Sencillo de Unión con Dios, es el medio que el Espiritu y mi Madre María me han regalado, para poder ir profundizando y queriendo encarnar los acentos de la vida de mi padre San Francisco, que desde mi juventud me atrajeron. Más que ver en Él un santo inalcanzable, siempre vi un “testigo” de lo que es encarnar a Cristo pobre y crucificado.
Si tuviera que sintetizar brevemente los aspectos que cautivaban de una manera especial su corazón, mencionaré tres: El Cristo pobre del pesebre, “La Encarnación del Hijo de Dios”; El Cristo pobre de la Cruz, “La Pasión y
muerte del Señor”; Y el Cristo pobre del altar, “Cristo Eucaristía” (el mismo San Francisco invita a su familia: “Ruego, pues, a todos ustedes, mis hermanos, besándoles los pies, y con todo el amor que soy capaz, que manifiesten toda reverencia y toda la honra que ustedes puedan, al Santísimo Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo, en la cual fueron pacificadas todas cosas, asi del cielo como de la tierra…) sin olvidarme tampoco del amor a nuestra Madre de la que se consideraba su trovador.
Voy a quedarme con un solo aspecto de su vida, para poder ir un poco más allá de las anécdotas o historias que han pasado a ser populares. El momento de su conversión. Seguir al Señor Jesús en el camino de la humildad y la pobreza. Tenemos el don de dos retiros dados a la Comunidad, por medio de Lourdes, sobre estas dos virtudes: retiro del 2020: “Niveles de humildad (primer clavo de nuestra crucifixión interior)” y el retiro del 2021: “La virtud de la Pobreza”.
¿Qué entendemos cuando hablamos de conversión? es una pregunta que merece ser planteada y contestada con honestidad, por cada uno de nosotros.
En las meditaciones cuaresmales de la casa pontificia se nos dan estas definiciones, que pueden traer luz: El regreso a Dios después del alejamiento del pecado, la necesidad de prácticas penitenciales que disciplinen el cuerpo y la voluntad…. La escritura utiliza un término que atraviesa y supera todo esto “metánoia”, cambio de la mente, del corazón, del modo profundo en que se percibe la realidad. No una simple corrección del rumbo de nuestra vida, sino una transformación de la mirada. No solo una revisión de los comportamientos, sino un cambio radical de la sensibilidad. (les suena esto mis hermanos. “Estoy haciendo nuevas todas las cosas” Apocalipsis 21,5 ....(estas Palabras de Jesus, son una promesa bíblica, y aparecen 20 veces en 13 mensajes dados por el Señor a nuestra Comunidad). La conversión ocurre en el punto más íntimo del corazón, allí donde la imagen de Dios impresa en nosotros espera ser despertada. Es como si algo, durante mucho tiempo silencioso, volviera de repente a vibrar. La conversión es ante todo iniciativa de Dios, a la cual estamos llamados a participar. No es pura pasividad, ni pura conquista. Es una respuesta. ¿Quieres ser Mi alma víctima?. ¡Que se avive en mí, con el fuego de Tu amor, la vocación de ser alma víctima, mi Señor.
Francisco, en su testamento escribe así: “El Señor me concedió a mi, Francisco, comenzar ha hacer penitencia de esta manera. Cuando estaba en
los pecados, me parecía cosa amarga ver a los leprosos; y el Señor mismo me llevó entre ellos y usé misericordia con ellos”. Es Dios quien le ha dado comenzar a hacer penitencia, es decir, entrar en un camino de conversión, este hacer penitencia es un nuevo modo de mirarse a sí mismo, a los demás y a la realidad a la luz del evangelio. Este cambio comienza de un modo muy concreto cuando empieza a tener misericordia de los demás, olvidándose por primera vez de sí mismo. Cambió la mirada del egocentrismo al Tú.
Para entender por qué la conversión debe de ser tan radical, hay que sondear la profundidad del surco que el pecado ha excavado en nosotros (...Pero para que la humildad mate las raíces profundas del amor propio, del orgullo y de la vanidad en un alma, debe venir a Mi Cruz para que su corazón sea arado con mis espinas y llagas. #26 del Camino Sencillo. Esa ruptura entre lo que realmente somos y lo que desearíamos ser (Romanos 7, 15-18). El miedo y la vergüenza son los primeros frutos del pecado. No son emociones superficiales, sentimos en nuestro interior una grieta entre lo que deseo ser y lo que descubro que soy. Vivimos en un tiempo en que la palabra “pecado” parece casi desaparecida de nuestro pensar, todo se explica cómo fragilidad, herida, límite, condicionamiento, un pequeño error o una debilidad. Nuestra fe toma en serio el pecado. Significa reconocer que dentro de nosotros hay una herida verdadera que no se resuelve con algunos ajustes, sino que necesita una curación profunda. En la pág 53 del Camino Sencillo se recoge esta reflexión:
¿Dónde inicia el camino de Francisco hacia Cristo? Comienza con la mirada de Jesús en la Cruz. Dejarse mirar por Él en el momento en el que da la vida por nosotros y nos atrae a sí. San Francisco lo experimentó personalmente en San Damian, rezando delante del crucifijo. En aquel crucifijo Jesús no aparece muerto, sino vivo. La sangre desciende de las heridas de las manos, los pies y el costado, esa sangre expresa vida. Jesús no tiene los ojos cerrados, sino abiertos de par en par, una mirada que habla al corazón. Y el crucifijo no nos habla de derrota; nos habla de amor, porque es el Amor de Dios encarnado, y el Amor no muere, vence el mal con el bien. El que se deja mirar por Jesús crucificado es re-creado, llega a ser una” nueva criatura”.
Francisco de Asis es conocido en este camino de conversión por haber abrazado una pobreza radical, su amor por la pobreza nunca está separado de una profunda estima por la humildad. En la Regla no Bulada escribe: “Todos los hermanos se esfuercen por seguir la humildad y la pobreza de nuestro Señor Jesucristo” y en el Saludo a las Virtudes escribe: “la santa pobreza confunde la codicia y la avaricia y las preocupaciones del siglo
(mundo). La santa humildad confunde la soberbia y a todos los hombres que están en el mundo”.
Francisco no hace de esto romanticismo, en la pobreza y en la humildad reconoce los mismos rasgos de Dios, que estamos llamados a vivir porque fuimos creados a su imagen y semejanza. El gesto de las cenizas con el que se entra en Cuaresma: “Acuérdate que eres polvo y al polvo volverás” (Se recuerdan las palabras que Lourdes nos compartió, con las que quería vivir esta Cuaresma?) No son una invitación a la tristeza o al desprecio de uno mismo, eso es falsa humildad. Es el modo en que la Iglesia nos devuelve a nuestra medida más auténtica, liberándonos de lo que no somos.
La humildad no es simplemente una virtud que se conquista con la voluntad. Es más bien un modo de vivir. Es el fruto de una experiencia, a menudo marcada por las humillaciones, que reduce la imagen inflada que tenemos de nosotros y nos devuelve a la verdad. Es un don del Espíritu antes que un ejercicio ascético. Jesús lo sabía tan bien que hizo de la humildad la única cualidad que, en todo el Evangelio, pidió imitar :”Aprended de Mí que soy manso y humilde de corazón” (Mateo 11, 29) En esa Palabra resumió todo su modo de estar en el mundo.
16/nov/2010 ... .Ven hija Mía y lleva a muchos al pie de la Cruz. Postraos ante el pie de Mi Cruz y besad tierra Santa. Levantaos y besad mis pies heridos. Es aquí, a través de este gesto de humildad y amor, que la viga del orgullo y del amor propio deja de cegar vuestra vista… Es aquí, a Mis pies, donde recibes el oro del precioso arrepentimiento. Deseo que traigas a Mis hijos al pie de la Cruz…
12/dic/2011…El alma que vive envuelta en el don del conocimiento crece en verdadera humildad y es entonces capaz de avanzar en Mi camino en las alas del Espíritu Santo. En ocasiones caerás y tendrás contratiempos, pero no te desanimes, pues estas caídas están destinadas a ayudarte a mantenerte envuelta en el don del conocimiento, el don de saber, que no puedes hacer NADA sin la gracia de Dios.
20/dic/24…Pequeña Mía, tú deseas únicamente ser una Conmigo, tu amado Esposo, así que es natural que también crezca en tu corazón el deseo de ser pobre, porque Yo me hice pobre para que tú pudieras ser rica…..El camino para llegar a ser puros y poseer corazones angélicos, cuyas miradas nunca se aparten de Mí, es a través de la pobreza: la renuncia al amor propio….
Es un tesoro y un derroche de amor de nuestro Señor, la formación que ha querido confiarnos sobre las virtudes de la humildad y la pobreza…es una bendición y una enseñanza clara para mi alma, orar con tantos y tantos mensajes sobre estas dos virtudes. La humildad y la pobreza están enraizadas en la perfecta contrición.
Por último, San Francisco era un hombre sediento de plenitud: buscaba gloria, perseguía sueños, deseaba vivir intensamente. Toda su vida había intentado hacerse más grande: un mercader exitoso, un caballero, un hombre de prestigio, pero todas estas aspiraciones no le devolvieron lo que buscaba.
Cuando en cambio, se encuentra frente a alguien más pequeño que él, ocurre lo inesperado: emerge su verdadera grandeza. No a través de la conquista, sino a través del abrazo. No subiendo, sino inclinándose.
Francisco comprende que en el mundo creado por Dios, el lugar privilegiado es el de los pequeños. Los pequeños con su fragilidad, despiertan la misericordia, que es quizás la energía más preciosa del mundo. Por eso el pobrecillo de Asís pide a sus hermanos que se llamen hermanos menores, no para parecer más humildes, sino para vivir realmente como pequeños. Hombres y mujeres que no ocupan todo el espacio, sino que lo abren a los demás.
Jesús en el Evangelio, insiste mucho en la pequeñez como condición para entrar en el Reino de los cielos. Comparó el Reino de los cielos a una semilla pequeña, pero capaz de convertirse en un gran árbol que alberga a los pájaros en sus ramas. Explicó a los discípulos que sólo quien se hace pequeño como un niño, puede entrar en el Reino de los cielos. Más aún, que quien quiera ser grande debe hacerse pequeño y hacerse siervo de todos.
Despierta mucha ternura en mi corazón, como nuestro Señor se dirige a Lourdes en todos los mensajes: Pequeña mia. A nosotros, Su comunidad nos dice: Mi pequeño granito de mostaza, y nos recuerda cuando nos habla para formarnos que somos sus anawim.! ¡Que Bendición!
Cuando elegimos hacernos -no quedarnos- pequeños porque hemos reconocido la pequeñez de Dios, que se fija también en la pequeñez de su Sierva Maria, entonces esta elección de hacernos pequeños no es una renuncia, es el rostro del hombre nuevo, que el misterio de la Redención nos devuelve. Paz y Bien y Santa Alegría mis entrañables MdC y MC.

