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Completo en Mi Carnelo que Falta a los Padecimientos de Cristo


Completo en Mi Carne lo que Falta a los Padecimientos de Cristo
Dr. Nina Heereman, SSD. Profesora de Sagradas Escrituras en el seminario de San Patricio.
Esbozo de su reflexión a la Comunidad Amor Crucificado, 29 de diciembre de 2022
Lo que falta a los padecimientos de Cristo

Col 1,24 Ahora me alegro de poder sufrir por ustedes, y completo en mi carne lo que falta a los padecimientos de Cristo, para bien de su Cuerpo, que es la Iglesia.

Como la cita anterior se reconcilia con:
Hay un solo mediador

1Tim 2,5 Hay un solo Dios y un solo mediador entre Dios y los hombres: Jesucristo, hombre él también,

Su único sacrificio es efectivo para siempre

Heb 9,26 Porque en ese caso, hubiera tenido que padecer muchas veces desde la creación del mundo. En cambio, ahora él se ha manifestado una sola vez, en la consumación de los tiempos, para abolir el pecado por medio de su Sacrificio.

El instrumento de nuestra redención es Su cuerpo:

Col 1,22 Pero ahora, él los ha reconciliado en el cuerpo carnal de su Hijo, entregándolo a la muerte, a fin de que ustedes pudieran presentarse delante de él como una ofrenda santa, inmaculada e irreprochable.

Su Cuerpo incluye a todos los incorporados por medio del bautismo

1Cor 12,27 Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

Gal 2,20 y ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne la vivo por la fe en el Hijo de Dios,a que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Los mártires participan de Su sacrificio. Ellos son uno con Jesús

Apocalipsis 6,9 Cuando el Cordero abrió el quinto sello, vi debajo del altar las almas de los que habían sido inmolados a causa de la Palabra de Dios y del testimonio que habían dado.

¿Cómo es posible que nuestros sufrimientos se unan a los suyos si Él murió hace 2000 años?
Respuesta: porque Él nos incorpora a Su cuerpo en el bautismo y en la Eucaristía.
En el bautismo, nuestra identificación con Cristo se hace realidad. Somos Su cuerpo.

2 Cor 5,14. Porque el amor de Cristo nos apremia, al considerar que si uno solo murió por todos, entonces todos han muerto.

Rom. 6,3-4 ¿No saben ustedes que todos los que fuimos bautizados en Cristo Jesús, nos hemos sumergido en su muerte? 4 Por el bautismo fuimos sepultados con él en la muerte, para que así como Cristo resucitó por la gloria del Padre, también nosotros llevemos una Vida nueva.

Col. 2,12-14 En el bautismo, ustedes fueron sepultados con él, y con él resucitaron, por la fe en el poder de Dios que lo resucitó de entre los muertos. 13 Ustedes estaban muertos a causa de sus pecados y de la incircuncisión de su carne, pero Cristo los hizo revivir con él, perdonando todas nuestras faltas. 14 Él canceló el acta de condenación que nos era contraria, con todas sus cláusulas, y la hizo desaparecer clavándola en la cruz.

1Cor. 12,13,27 Porque todos hemos sido bautizados en un solo Espíritu para formar un solo Cuerpo –judíos y griegos, esclavos y hombres libres– y todos hemos bebido de un mismo Espíritu. 27 Ustedes son el Cuerpo de Cristo, y cada uno en particular, miembros de ese Cuerpo.

Rom. 6,5 Porque si nos hemos identificado con Cristo por una muerte semejante a la suya, también nos identificaremos con él en la resurrección.

Por lo tanto:

Gal. 2,20 Ya no vivo yo, sino que es Cristo quien vive en mí. Y la vida que ahora vivo en la carne la vivo por la fe en el Hijo de Dios, que me amó y se entregó a sí mismo por mí.

Actualizado en la Eucaristía

1Cor 11,24-26 dio gracias, lo partió y dijo: «Esto es mi Cuerpo, que se entrega por ustedes. Hagan esto en memoria mía». 25 De la misma manera, después de cenar, tomó la copa, diciendo: «Esta copa es la Nueva Alianza que se sella con mi Sangre. Siempre que la beban, háganlo en memoria mía». 26 Y así, siempre que coman este pan y beban esta copa, proclamarán la muerte del Señor hasta que él vuelva.

"En memoria," para los judíos, significaba no sólo traer a la memoria sino vivir realmente el acontecimiento en el presente. Así es como celebran la Pascua, el éxodo de Egipto.
A través de la Eucaristía, el cuerpo resucitado de Cristo continúa expiando nuestros pecados y nosotros participamos en Su expiación siendo uno con Él.
De ahí la importancia de participar dignamente en la Eucaristía.

1Cor. 11,27 Por eso, el que coma el pan o beba la copa del Señor indignamente tendrá que dar cuenta del Cuerpo y de la Sangre del Señor.

1Cor. 10,16 La copa de bendición que bendecimos, ¿no es acaso comunión con la Sangre de Cristo? Y el pan que partimos, ¿no es comunión con el Cuerpo de Cristo?

El sacrificio expiatorio de Cristo: Cuatro tipos del AT retomados en el NT aplicados a Cristo:

  1. Sacrificio de expiación:

Rom. 3,25 Él fue puesto por Dios como instrumento de propiciación por su propia sangre, gracias a la fe. De esa manera, Dios ha querido mostrar su justicia: 26 en el tiempo de la paciencia divina, pasando por alto los pecados cometidos anteriormente,

1 Juan 2,2 Él es la Víctima propiciatoria por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino también por los del mundo entero.

2.​La Sangre de la Alianza

Éx 24,3 Moisés fue a comunicar al pueblo todas las palabras y prescripciones del Señor, y el pueblo respondió a una sola voz: “Estamos decididos a poner en práctica todas las palabras que ha dicho el Señor”. 4 Moisés consignó por escrito las palabras del Señor, y a la mañana siguiente, bien temprano, levantó un altar al pie de la montaña y erigió doce piedras en representación de las doce tribus de Israel. 5 Después designó a un grupo de jóvenes israelitas, y ellos ofrecieron holocaustos e inmolaron terneros al Señor, en sacrificio de comunión. 6 Moisés tomó la mitad de la sangre, la puso en unos recipientes, y derramó la otra mitad sobre el altar. 7 Luego tomó el documento de la alianza y lo leyó delante del pueblo, el cual exclamó: “Estamos resueltos a poner en práctica y a obedecer todo lo que el Señor ha dicho”. 8 Entonces Moisés tomó la sangre y roció con ella al pueblo, diciendo: “Esta es la sangre de la alianza que ahora el Señor hace con ustedes, según lo establecido en estas cláusulas”.

Jer 31,31 Llegarán los días –oráculo del Señor– en que estableceré una nueva Alianza con la casa de Israel y la casa de Judá. 32 No será como la Alianza que establecí con sus padres el día en que los tomé de la mano para hacerlos salir del país de Egipto, mi Alianza que ellos rompieron, aunque yo era su dueño –oráculo del Señor–. 33 Esta es la Alianza que estableceré con la casa de Israel, después de aquellos días –oráculo del Señor–: pondré mi Ley dentro de ellos, y la escribiré en sus corazones; yo seré su Dios y ellos serán mi Pueblo. 34 Y ya no tendrán que enseñarse mutuamente, diciéndose el uno al otro: “Conozcan al Señor”. Porque todos me conocerán, del más pequeño al más grande –oráculo del Señor–. Porque yo habré perdonado su iniquidad y no me acordaré más de su pecado.

3. El cordero pascual
Celebrado por los judíos cada año. Retomado muchas veces en el NT.

Cf.: Jn 1,29; 19,36

4. Siervo Sufriente

Is 53,10 El Señor quiso aplastarlo con el sufrimiento. Si ofrece su vida en sacrificio de reparación, verá su descendencia, prolongará sus días, y la voluntad del Señor se cumplirá por medio de él.

Lo que los cuatro tienen en común: Un rito de sangre.
En el NT, el sacerdote es también la víctima: Cristo. Él ofrece su propia sangre.
Dios proporciona los medios de expiación

Lev. 17,11 Porque la vida de la carne está en la sangre, y yo mismo les he puesto la sangre sobre el altar, para que les sirva de expiación, ya que la sangre es la que realiza la expiación, en virtud de la vida que hay en ella.

Lev. 1,4-5 impondrá su mano sobre la cabeza de la víctima. Así esta le será aceptada y le servirá de expiación. 5 Luego inmolará el novillo en la presencia del Señor, y los hijos de Aarón, los sacerdotes, ofrecerán la sangre y la derramarán sobre todos los costados del altar que está a la entrada de la Carpa del Encuentro.

Lev. 16:15-16 Inmolará el chivo para el sacrificio por el pecado del pueblo y llevará su sangre detrás del velo. Allí hará con ella lo mismo que hizo con la sangre del novillo: hará las aspersiones sobre la tapa y delante de ella.

16 Así practicará el rito de expiación por el Santuario, para purificarlo de las impurezas y transgresiones de los israelitas, cualesquiera sean sus pecados. Y lo mismo hará con la Carpa del Encuentro, que habita con ellos en medio de sus impurezas.

El erudito bíblico alemán, Hartmut Gese, explica:
El acto de expiación no debe concebirse como una transferencia de pecados con la posterior ejecución del que carga con los pecados, el animal del sacrificio. En ese caso sólo habría una sustitución que excluye a una de las partes; en cambio, en la expiación cúltica, el sacrificio de la vida de la víctima es una sustitución que incluye al que trae el sacrificio. Además, la entrega de la vida no es simplemente un acto de destrucción. No se mata al animal para provocar la destrucción del objeto pecaminoso o para lograr un castigo apropiado del culpable del pecado, sino que se realiza un ritual sagrado de sangre. El animal es llevado al santuario de Dios, donde entra en contacto con lo que es sagrado. Así pues, la expiación cultual no se lleva a cabo meramente mediante la muerte del sacrificio, sino en el compromiso de la vida con lo que es santo, en contacto con la santidad. En la sustitución inclusiva mediante el sacrificio expiatorio, este ritual pone a Israel en contacto con Dios. El nuevo aspecto positivo de la expiación encuentra su expresión en los ritos de sangre.
San Albertus Magnus, en de misterio missae explica los diferentes significados del saludo del sacerdote al comienzo de la ofrenda, "el Señor esté con vosotros".
Por eso, en esta versión de la santificación, el celebrante dice: "El Señor esté con vosotros", dirigiéndose al pueblo. "El Señor", digo, "está con vosotros", para que seáis ofrecidos como sacrificio a Dios. "El Señor esté con vosotros", para que os afecte el sabor de la ofrenda. El Señor está con vosotros, para que podáis ser incorporados a la ofrenda del sacrificio. Porque el Señor está con vosotros cuando os ofrecéis a él y él os acepta cuando os incorpora a su sacrificio (...), cuando os hace uno y os une.
Y dice: "Oremos", porque se requiere una oración grande, eficaz y pura para que el pueblo sea incorporado al cuerpo de Cristo y ofrecido a Dios. Porque la oración es el afecto piadoso de la mente dirigido hacia Dios, y el pueblo para ser ofrecido al Señor debe primero ser elevado a él con todo su afecto, para que pueda convertirse en un sacrificio digno de Dios.
Después, en la memoria común de los vivos "Memento Domine", se subraya: "y a todos los que están aquí reunidos ante ti", y que ya se ofrecen a sí mismos como sacrificio, como ellos mismos ofrecen el sacrificio, para que ellos mismos te sean ofrecidos en unión con el sacrificio. [Como escribe San Pablo en] Rom 12,1: "Os ruego, hermanos, por la misericordia de Dios, que presentéis vuestros cuerpos como sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, vuestra sumisión razonable."
El Novus Ordo (plegaria Eucarística IV):
Mira, Señor, el Sacrificio que tú mismo has provisto para tu Iglesia, y concede en tu amorosa bondad a todos los que participan de este único Pan y de este único Cáliz que, reunidos en un solo cuerpo por el Espíritu Santo, se conviertan verdaderamente en un sacrificio vivo en Cristo para alabanza de tu gloria.
Por último, San Alberto comenta el mandamiento de recibir el cuerpo de Cristo:
"Y comed de él todos vosotros": (vosotros mis) discípulos, para que todos os incorporéis a mí y conozcáis mi espíritu: pues de otro modo no podréis ser ofrecidos a Dios Padre.
Conclusión:
En la Beata Conchita,
El aspecto de oblación adquiere una connotación intrínsecamente eucarística; al ofrecerse, Conchita no sólo se asimilaría al Verbo encarnado, sino que se transformaría en Él mediante la compenetración y la unión con la Esencia divina, para ser una con Cristo (cf. Jn 17, 20-21). Por eso, por la realización de una especie de transubstanciación en Jesús, Conchita pudo decir verdaderamente: "esto es Mi Cuerpo, esto es Mi Sangre", porque ya no vivía su propia vida, sino la vida de Cristo, que vivía en ella (cf. Ga 2,20).
Permítanme terminar con la oración de uno que ha hecho el camino, el hermano redentorista vietnamita, místico y mártir, Marcel Van:
¡Oh Jesús! Moriste por amor, y ahora sigues ávido de sufrimientos en el corazón de quien amas. Te ofrezco mi corazón sin pesar, para acoger contigo la deshonra y la tristeza, para caer contigo en el camino, para sostener a la multitud de los hombres y levantar al alma pecadora, para expiar contigo los pecados que no cesan de acumularse cada día. Sí, deseo mezclar un poco de mi sangre con la sangre de tu divino Corazón, para la purificación de las almas.

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