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Sabiduría

  • Foto del escritor:  Lourdes Pinto
    Lourdes Pinto
  • hace 2 días
  • 11 Min. de lectura

En medio del caos de estar cuidando a mis nietos toda la semana, el Señor me inspiró en la fiesta de la Epifanía a escribir con el corazón sobre el don de la sabiduría, el oro precioso que hemos recibido por medio de la sabiduría de la Cruz. Los invito a abrir este regalo mientras escuchan esta reflexión.


SABIDURÍA

8/1/26

… Enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria.1 Corintios 2, 7

 

El domingo pasado celebramos la fiesta de la Epifanía. Jesús fue honrado y glorificado primero como Rey por los pastores, a quienes se consideraba impuros y menospreciados, los más humildes, a quienes no se les permitía entrar en el templo.


Después, por los gentiles, los tres reyes magos. Isaías profetizó que las naciones gentiles traerían como ofrendas oro, incienso y mirra (60, 3,6).


Los regalos que se le ofrecieron al niño Jesús tenían un gran significado. El oro era el símbolo de la realeza, que representaba la realeza de Jesús. El incienso se utilizaba en el culto a Dios e indica Su divinidad. La mirra era un ungüento funerario que simboliza la humanidad de Cristo, especialmente en Su pasión y muerte.


San Gregorio Magno escribió: «Los tesoros representan las ofrendas que le llevamos a Jesús en nuestra vida cotidiana. El oro es la sabiduría de Cristo, que brilla en nosotros; el incienso es la oración y la adoración que le ofrecemos; y la mirra es nuestro autosacrificio diario» [1].


Me gustaría enfocar esta reflexión en el don de la sabiduría, que no es tan fácil de entender o de percibir como los dones de la alabanza y la abnegación.


La sabiduría es uno de los dones más elevados del Espíritu Santo. El Espíritu Santo nos habló de esta verdad:

Yo Soy la Luz de Dios. El Fuego en la zarza ardiente que vio Moisés era el Fuego del Espíritu de Dios, la Tercera Persona de la Santísima Trinidad. Es Mi Fuego de Amor que lo consume todo y lo atrae a la unión con el Padre a través del Hijo. La mirada de Jesús es Mi Luz que penetra en tu corazón y en tu ser. La Palabra de Jesús es Mi Fuego que te consume en el Amor y te bendice con sabiduría, entendimiento, conocimiento y temor del Señor. Yo Soy el aliento del Hijo; es por eso que Él sopló sobre Sus apóstoles Mi vida. Yo Soy el Fuego del Amor en el Sagrado Corazón de Jesús. Yo Soy el Amor del Padre y del Hijo. Yo, el Espíritu Santo, consumo todo, transformo todo en Amor… Soy Yo quien enciende cada partícula de vuestro ser en el Amor del Padre y del Hijo…

Soy Yo, consumido en el Hijo como UNO con el Padre y el Hijo, quien mueve al Hijo a dar Su vida por Amor. Soy Yo quien te mueve a dar tu vida como UNO con el Hijo. Permanece en Mí como Yo deseo permanecer en ti. Permite que Yo, como hice con María, te consuma. No Me pongas ninguna resistencia.16/2/12

 

En el 2014, el Papa Francisco explicó la sabiduría con gran claridad y sencillez en su serie de charlas sobre el Don de la Sabiduría:

«La sabiduría es la gracia de poder verlo todo con los ojos de Dios. Es simplemente esto: ver el mundo, las situaciones, las circunstancias, los problemas, todo con los ojos de Dios. A menudo vemos las cosas como queremos verlas o según nuestro corazón, con amor, con odio, con envidia. No, esos no son los ojos de Dios. La sabiduría es lo que el Espíritu Santo hace dentro de nosotros para que podamos ver todo con los ojos de Dios. Eso es el don de la sabiduría».


El Nuevo Testamento revela que la sabiduría se encuentra en Cristo crucificado. San Pablo revela esta verdad de la sabiduría de manera muy elocuente:

23pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos, necedad para los gentiles; 24pero para los llamados —judíos o griegos—, un Cristo que es fuerza de Dios y sabiduría de Dios. (1 Corintios 1, 23-24)


San Pablo también escribe que la sabiduría de Dios es secreta y oculta:

 …enseñamos una sabiduría divina, misteriosa, escondida, predestinada por Dios antes de los siglos para nuestra gloria. (1Corintios 2, 7)


Dios le está revelando a todos los hombres por medio de San Pablo que la sabiduría secreta y oculta de Dios es Cristo crucificado. El plan de Dios para nuestra salvación desde el principio de los tiempos era que fuéramos salvados por medio de la pasión, muerte y resurrección de Su Hijo, y que fuéramos redimidos a Su imagen y semejanza por medio de la Cruz. Nuestra transformación en Amor solo se logra al hacernos uno con Amor crucificado, por medio de la crucifixión de nuestro amor propio y nuestra voluntad propia. Jesús reveló esta sabiduría del plan de salvación de Abba cuando dijo: Si alguno quiere venir en pos de mí, que se niegue a sí mismo, tome su cruz cada día y me siga. (Lucas 9, 23).


La sabiduría de Dios se encuentra en Cristo crucificado. Por lo tanto, para crecer en sabiduría, debemos abrir nuestros corazones para recibir la gracia del Misterio de la Cruz revelado por el Espíritu Santo. «20¿Dónde está el sabio? ¿Dónde está el docto? ¿Dónde está el sofista de este tiempo? ¿No ha convertido Dios en necedad la sabiduría del mundo? 21Y puesto que, en la sabiduría de Dios, el mundo no conoció a Dios por el camino de la sabiduría, quiso Dios valerse de la necedad de la predicación para salvar a los que creen». (1 Cor. 1, 20-21). Llegamos a conocer a Dios a través de Jesús crucificado, y entramos en unión con Dios solo al hacernos uno con Amor crucificado. Esta es la sabiduría de Dios.


El 15 de agosto del 2021, Jesús nos dijo: Continúa proclamando a toda voz las palabras que te he hablado a lo largo de los años, porque contienen la sabiduría de Dios para la salvación del mundo. Jesús nos revela que su Camino Sencillo de Unión con Dios contiene la sabiduría de Dios. El don del Espíritu Santo de sabiduría fluye de conocer a Dios por medio de una relación íntima con Cristo, con especial énfasis en sus dolores.

Muchos cristianos pueden comprender intelectualmente la sabiduría de la Cruz, pero solo aquellos que abrazan el misterio de la Cruz y lo viven a diario se convierten en el mundo «como él es» (1 Juan 4, 17). Es por eso que son pocos los que son verdaderamente sabios.


Para crecer en sabiduría se requiere nuestra colaboración mediante la perseverancia en la oración, la contemplación silenciosa y el crecimiento en la virtud, especialmente en el más alto nivel de humildad, que es desear únicamente la Cruz por amor a Dios y la redención de las almas, la pureza de corazón, la sencillez y el espíritu de pobreza. Por lo tanto, al perseverar en permitir que el Espíritu Santo nos vacíe de nosotros mismos y elegir diariamente participar en la obra de nuestra crucifixión, nosotros disminuimos, y Cristo aumenta en nosotros. A medida que nos llenamos de Dios, nos volvemos sabios, porque la sabiduría mora en nosotros y se manifiesta a través de nosotros.

Así como el vidrio transparente está lleno de líquido, y puedes ver claramente a través del vidrio el líquido que hay dentro, tú estás llamada a ser Mi recipiente transparente y puro. Has sido elegida para contener Mi preciosa Sangre. Mi Sangre es Mi vida. Mi Sangre es fuego sanador. Por lo tanto, primero, Mi recipiente debe ser vaciado y purificado. Esto es lo que he estado realizando en ti a Mis pies y en Mi costado traspasado. Es ahora en Mi Sagrado Corazón, en el horno, que es el fuego del Espíritu Santo, donde sois formados como Mis cálices vivos. Mi fuego purifica todas las manchas y defectos. Sois de cristal puro, pero cuando estáis llenos de Mi preciosa Sangre, irradiáis al mundo la luz dorada del Espíritu Santo. Mi Sangre siempre cura, restaura, refresca y trae nueva vida. Por lo tanto, la mirada de vuestros ojos irradiará puro amor. El toque de vuestras manos sanará, y vuestras palabras derramarán la sabiduría, el conocimiento y el entendimiento de Dios. Así os revestiréis de vuestro Señor, Jesucristo, para que seáis la luz del mundo (Rom. 13,11-12) Pequeños Míos, ayudadme a Mí y a Mi Madre a formar muchas víctimas de amor irradiando el amor puro de la Trinidad. 7/10/11


¿Cómo se ve y cómo suena la sabiduría?

Es fácil ver y escuchar alabanzas, adoración y sacrificio, pero ver y escuchar la sabiduría es más difícil porque la sabiduría está contenida en lo profundo del corazón humano, mientras que se ve transformado a imagen y semejanza de Dios. La sabiduría puede compararse a la transformación oculta del corazón humano, muy parecida a la de una oruga en un capullo que se convierte en una bella mariposa.

 

La belleza de la sabiduría se ve cuando, en cada situación de nuestra vida, sabemos con certeza que Dios está presente y actúa siempre por nuestro bien y el bien de los demás. Esta capacidad de ver todo, especialmente el sufrimiento humano, a través del prisma de la infinita bondad y amor de Dios, es sabiduría. Cuando vivimos aceptando nuestras enfermedades, dificultades económicas y relaciones difíciles con plena confianza, contemplando al Amor crucificado y eligiendo sufrir como un solo corazón con Él, estamos viviendo en el resplandor de la sabiduría de la Cruz. El sonido de la sabiduría se escucha cuando vivimos en el silencio de los gemidos de Jesús, participando con Él en Su agonía de amor.

 

La sabiduría se encuentra en el Misterio de la Cruz. El Camino Sencillo es la obra del Espíritu Santo para hacernos sabios al vivir en la sabiduría de la Cruz, pero debemos dar nuestro continuo «fíat», como María, para ser uno con Amor crucificado, sin ser ya dos. Cuanto más nos asemejamos a Cristo crucificado, más sabios nos volvemos. Al hacernos uno con Amor crucificado, nos hacemos uno con la Sabiduría. Vemos, oímos, comprendemos y percibimos desde la perspectiva de Dios. Vivimos en la tierra, pero ya no somos del mundo, porque vivimos desde las alturas del cielo, contemplando y comprendiendo nuestras vidas terrenales desde el plan y la voluntad perfectos de Dios. Esto es sabiduría.

 

La sabiduría es capaz de discernir los signos de los tiempos según la voluntad y el plan perfecto de Dios. Vemos lo que está sucediendo en el mundo y la oscuridad de Satanás sin ansiedad ni temor, porque la sabiduría sabe que Dios es amor; la sabiduría sabe y cree que la Cruz de Cristo ha triunfado y, por consiguiente, vivimos con paz, esperanza y alegría perfectas, ¡esperando el Reinado Eucarístico de Cristo con el Reinado del Espíritu Santo y María!

 

La sabiduría ve y entiende la vida de Jesucristo revelada en el Evangelio en el contexto de nuestra vida cotidiana. Por ejemplo, en el milagro de la multiplicación de los panes, vemos nuestras vidas ordinarias y ocultas, fusionadas al sacrificio de amor de Cristo y continuamente «partidas» de todo amor propio y voluntad propia, como ese insignificante panecillo en las manos de Jesús, y creemos que nuestras vidas por Él, con Él y en Él se multiplican y se convierten en el poder de Dios para hacer nuevas todas las cosas. La sabiduría conoce y vive el Evangelio, no como un acontecimiento pasado de la vida de Jesús, sino como el acontecimiento presente en el aquí y ahora de nuestras vidas ordinarias.

 

María nos revela la sabiduría perfecta, pues ella es la nueva y divina santidad. Ella es el resplandor de la luz de la Sabiduría:

 

Pequeña Mía, ¿deseas conocer y comprender qué es la nueva y divina santidad? Medita entonces sobre Mi Santísima Madre. Ella es la Nueva Eva, plenamente restaurada, mediante las gracias de Mi pasión, muerte y resurrección, la imagen más perfecta de la gloria de Dios alcanzada como criatura. María representa a Mi Esposa inmaculada, la criatura más grata a los ojos de Dios porque refleja Su belleza, Su bondad y Mi perfecto sacrificio de amor. Ella irradia el amor puro y vivificante del Espíritu Santo; ella es una con la sabiduría y, por lo tanto, se convirtió en la Reina del Cielo y de la Tierra.

 

Dios le está concediendo a la humanidad, en estos tiempos finales, el cumplimiento de las gracias de Mi muerte y resurrección para producir, para Su gloria, a los grandes santos de los tiempos finales, revestidos del esplendor de la pureza y humildad de Mi Madre. Estas almas puras y santas, pasadas, presentes y futuras, en el momento designado, conocido únicamente por el Padre, arrojarán al infierno a Satanás y a todos sus espíritus malignos para obtener para el mundo una era de paz desconocida hasta ahora para la humanidad. Será una era en la que Mi Amor Divino triunfará como un solo corazón con Mi Madre, y el Espíritu Santo triunfará al unir a la humanidad para que conozca el Amor y Me adore en Mi vida Eucarística. Esto, pequeña Mía, es la nueva y divina santidad. Alégrate y da gracias a Dios continuamente por estar incluida entre las pocas almas que viven esta gracia y la perpetúan en el mundo. Permanece solo en Mi paz. 5/12/25

 

La fiesta de la Epifanía nos recuerda que, mediante el «glorioso don» de Dios que es el Camino Sencillo, podemos convertirnos en ofrendas de oro, sabiduría radiante, incienso, alabanza y gratitud perfectas a Dios en todas las cosas, y mirra, uno en el sacrificio perfecto de amor de Jesús. Dios nos ha bendecido abundantemente con estas ofrendas, y nosotros nos convertimos en una ofrenda pura y total para Él, una fragancia sagrada para Dios que le deleita y glorifica, porque la sabiduría es humildad.

 

La humildad es la rosa de fragancia pura que deleita el Corazón del Padre. Sus pétalos se abren y expanden, revelando la belleza de su vida interior. La humildad en su perfección es roja; por eso os revelo una rosa roja. La humildad está revestida de la Sangre preciosa de mi Hijo. Su fragancia pura es amor en el sufrimiento. Su belleza es el Amor crucificado. Sus pétalos son la obediencia, la pobreza, la fe, el silencio, el recogimiento, la honestidad, la verdad, la inocencia, la audacia, el celo por la casa del Señor, la ternura, la bondad, la perseverancia… Todos sus pétalos han florecido de la pureza del Sagrado Corazón de Jesús. El resplandor y la belleza de cada pétalo es la pureza de Dios. Sed las rosas de la humildad a los pies del trono del Padre. 22/8/12

 

San Pablo ora, pidiéndole a Dios “18de modo que así, con todos los santos, logréis abarcar lo ancho, lo largo, lo alto y lo profundo, 19comprendiendo el amor de Cristo, que trasciende todo conocimiento. Así llegaréis a vuestra plenitud, según la plenitud total de Dios”. 

(Efesios 3, 18-19)

 

María, en la fiesta de su Inmaculada Concepción en el  año 2025, nos invitó a alegrarnos con ella siendo como incienso puro, porque, mediante la plenitud de las gracias de la pasión, muerte y resurrección de Jesús, estamos transformándonos en el poder y la luz radiante de Dios para ayudar en la salvación del mundo. Comprender y creer en las palabras que Jesús y María nos dicen es tener sabiduría.


Yo soy la Inmaculada Concepción, concebida desde el principio de los tiempos en el Corazón de Abba como la imagen perfecta y pura de la Santísima Trinidad, representando a Su Esposa, la Santa Iglesia Católica. Mediante la plenitud de las gracias de la pasión, muerte y resurrección de mi Hijo, derramadas sobre las almas víctimas puras, pequeñas e inocentes de estos tiempos finales, la Inmaculada Concepción, la plenitud de la Tercera Persona de la Trinidad, mi Esposo, el Espíritu Santo, Dios está transformando a Sus pequeñas almas para Su gloria y para la salvación del mundo. Por lo tanto, tú, junto con las pocas almas víctimas, glorifica a Dios como un solo corazón conmigo, tu Santísima Madre. Creed, pequeños míos, creed en el Dios que os ama, que envió a Su Hijo Unigénito al mundo para llevaros a la plena condición de hijos e hijas adoptivos de Abba, configurados a [imagen de] mi Hijo para brillar en la tierra como luces de Dios, porque Dios realmente está haciendo nuevas todas las cosas. Alegraos y vivid vuestras vidas en continua gratitud. 8/12/25

 

Glorifiquemos a Dios continuamente, a cada respiro, mientras Él nos sigue llenando con la plenitud de la Trinidad, y nos convertimos en Su luz dorada de sabiduría en el mundo, iluminando el Misterio de la Cruz. Amén.


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