Viviendo la Unión Esponsal como Madres de la Cruz
- Lourdes Pinto

- hace 5 días
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Lourdes comparte desde el corazón con las Madres de la Cruz lo que significa entrar en unión esponsal con Cristo.
Unión Esponsal
1ª Reflexión
La unión esponsal la alcanzan las almas que entran en el fuego del Sagrado Corazón para participar con Jesús en Su agonía de amor, que Él sigue viviendo en los Sagrarios del mundo.
Cada esposa está vestida con el manto blanco de la pureza, adornada con las joyas de las virtudes de la humildad, la sencillez, la pobreza, la confianza, la dulzura, la obediencia y, sobre todo, el amor perseverante. Su rostro está velado, lo que representa que pertenece a Cristo y, por lo tanto, a Él le permite que la desnude de sus muchos disfraces interiores para recibir el beso en los labios de la unión.
El amor de los esposos se consuma en el lecho de la cámara nupcial. Las esposas de Jesús deben seguirlo hasta el lecho de la Cruz para ser crucificadas con Él, de todo amor propio, obstinación, orgullo, miedos, desórdenes y todo lo que no sea amor puro. La crucifixión de la esposa de Cristo, siendo una con Él, completa la santa consumación, y se hacen uno, ya no dos, disfrutando de la dicha sagrada en la unidad del amor de la Santísima Trinidad.
El Señor nos ha llevado ahora, a nosotros, su granito de mostaza, al tercer clavo de la crucifixión. María nos ha estado preparando en el claustro de su Inmaculado Corazón durante los últimos tres años, enseñándonos y guiándonos a crecer en silencio, ayudándonos a perseverar continuamente en permanecer en los dolores de su Hijo sufriendo como un solo corazón con Él, madurándonos en las virtudes de la sencillez y el espíritu de pobreza, y revistiéndonos con la perfecta obediencia, que es la esencia del amor perfecto.
El 15 de octubre del 2025, Jesús nos habló sobre la intimidad esponsal y nos reveló el secreto de la verdadera y duradera intimidad esponsal. Él dijo:
Ahora, Amada Mía, te adentro en el fuego de Mi Sagrado Corazón para revelarte Mis dolores, porque es ahí donde los esposos viven la intimidad. En la tierra, pocos esposos entran en la intimidad porque son incapaces de compartir sus más profundos dolores de corazón entre sí, y de participar en el amor del sufrimiento entre sí como un solo corazón. Sin embargo, Yo, el Esposo, anhelo una esposa, como Mi Madre, que estaba dispuesta a entrar en Mi Sagrado Corazón y llegar a conocer todos Mis dolores, y de esta manera, llegar a experimentar Mi amor divino.
Pocas parejas casadas experimentan la intimidad del corazón porque, o bien el marido o la mujer, o ambos, son incapaces de entrar en sus propios corazones para descubrir y vivir sus penas más profundas. A veces, si uno de los conyugues está atento al dolor y a los anhelos del corazón, puede que no comparta este dolor con el otro por miedo a mostrarse vulnerable, a ser malinterpretado, rechazado o ridiculizado, y, por lo tanto, opta por permanecer cerrado a su pareja. Esta falta de vulnerabilidad entre las parejas crea una distancia emocional, una barrera para el amor y la intimidad. Pueden disfrutar HACIENDO muchas cosas juntos, e incluso disfrutar de la intimidad sexual, pero carecen de la intimidad más profunda y gratificante del corazón.
Jesús nos expresa entonces el anhelo de Su corazón como Esposo. Anhela una Esposa como Su Madre, que esté dispuesta a entrar en Su Sagrado Corazón y a conocer personalmente cada uno de Sus dolores. De esta manera, dice Jesús, María llega a conocer íntimamente Su amor.
Jesús también nos enseña, mediante la vulnerabilidad de Su corazón, que la verdadera y duradera intimidad, que es lo que hace que las parejas casadas sean una sola carne, tiene otro componente: participar en el amor de sufrir el uno con el otro como un solo corazón. A medida que las parejas prestan atención al dolor del otro, reciben su dolor sin juzgarlo o sin intentar encontrarle solución, ABRAZAN el dolor del otro y sufren el uno con el otro. Esto es lo que Jesús nos ha estado enseñando desde hace años, desde el comienzo del Camino Sencillo, y es también lo que fomenta la intimidad entre las parejas casadas, los miembros de la familia, los miembros de la comunidad y los amigos.
A continuación, Jesús prosigue en este mensaje revelándonos a nosotras, Sus pequeñas esposas, Su dolor y el «lamento continuo del Esposo». Jesús nos confía Su Corazón, a Sus almas víctimas, a Su esposa, haciéndose totalmente vulnerable como Dios-Hombre ante nosotros, y deseando con todo Su Corazón que entremos, y recibamos Sus dolores y permanezcamos sufriendo con Él, porque Su mayor anhelo es ser uno con nosotros, ya no dos, ¡la UNIÓN TOTAL de los esposos!
Hoy te revelo el dolor del Esposo, que encuentra tan pocas esposas que deseen conocer Mi dolor, Mi más profunda agonía de Corazón, y permanecer sufriendo conmigo, por supuesto, sin poder aliviar Mi dolor, pero que, por amor a Mí, eligen permanecer sufriendo conmigo únicamente por amor a Mí y a las almas.
Cada hijo e hija de Dios Padre ha sido destinado por Él a convertirse en Mi esposa, pues la Iglesia es Mi Esposa, pero cuán pocos se convierten en Mis esposas y entran en unidad con Dios. Este es el continuo lamento del Esposo, tu amado Esposo, y, por lo tanto, tu fidelidad como Mi esposa es un continuo consuelo para Mi Corazón sufriente.
Esta primera reflexión de nuestro encuentro está preparando nuestros corazones para entrar en la cámara interior del Corazón del Esposo para vivir, mediante la plenitud de las gracias de Su pasión, muerte y resurrección, no solo una mayor intimidad con Él, sino, en última instancia, para ser consumidos en Él y a través de Él en la vida de la Santísima Trinidad.
Estas palabras de nuestro Señor llegaron a mi corazón durante mi retiro de silencio en octubre del 2025. Jesús preguntó:
¿Qué le dices a tu Amado mientras estás sentada conmigo, contemplándome?
Tómense el tiempo esta noche y mañana por la mañana para responder a esta pregunta, meditando primero profundamente sobre los dolores de Jesús expresados en este mensaje.
Al responder a las preguntas que siguen, es muy importante que no censuren sus propios sentimientos. Intenten ser TOTALMENTE SINCEROS consigo mismos y con Cristo. Si no sienten nada, o si sienten ira, frustración, vergüenza... no repriman estos sentimientos, sino déjenlos aflorar y permítanse sentirlos y compartirlos con Jesús. Jesús nunca se escandaliza por nuestra transparencia y autenticidad; de hecho, esta franqueza total con nosotros mismos y con Dios es lo que se convierte en verdadero amor e intimidad.
- ¿Eres capaz de entrar en Su dolor y en el anhelo de Su Corazón?
- ¿Qué está sucediendo en tu propio corazón mientras meditas sobre el Corazón de Jesús? ¿Qué sientes? Recibe Sus dolores y simplemente súfrelos con Él.
- Ahora te toca a ti entrar en contacto con el dolor más profundo y más intenso de tu corazón. Deja que tu dolor salga a la superficie; si te dan ganas de llorar, no contengas las lágrimas, déjalas fluir. Presta atención a lo que está sucediendo en tu corazón. Recuerda, no censures tus emociones, no permitas que las mentiras de Satanás te tienten diciéndote que lo que sientes es malo, pecaminoso, vano o superficial.
- ¿Cuál es el deseo más profundo, el anhelo de tu corazón en este momento de tu vida? ¡Sin censura! Si no es un deseo espiritual, no pasa nada. Sea lo que sea, un deseo de trabajo, un futuro cónyuge, sanación, etc., compártelo con el Señor. A Él le encanta que seamos sinceros y honestos con Él.
- Piensa ahora en tus relaciones más importantes, con tu cónyuge y/o tus amigos más queridos. ¿Te cuesta compartir con ellos tus dolores más profundos? ¿Puedes describir con detalle y con confianza los dolores más profundos de tus seres queridos? ¿Qué hay en mí que hace que a mis seres queridos les resulte difícil compartir conmigo lo más profundo de su corazón? Nuestros obstáculos en nuestras relaciones humanas probablemente nos dan una idea de nuestros obstáculos para una unión más profunda con Él.

